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La Coctelera

Rincón Literario del IES Luis de Morales

"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo." (VOLTAIRE)

20 Junio 2007

Despedida

Yo tenía un grupo de teatro. Como aquel melancólico “yo tenía una granja en África” de la inolvidable Caren Blixen el sonoro decasílabo resuena en mi torturada cabecita. Sí, yo tenía, teníamos un grupo de teatro. Ya no. No fue fácil crear ese grupito. Recuerdo aquellos primeros años y las obras que representamos desde entonces: El juez de los divorcios, Esto es Troya, Llega la Revolución, Cigarras y hormigas, El príncipe que todo lo aprendió en los libros, La cabeza del dragón, y la más cercana y probablemente la última: El fantasma de Canterville. Siete obritas, siete años de desvelos, coordinación entre Departamentos, solidaridad de los alumnos, sacrificios, risas, compañerismo...

No fue fácil formar el grupo. Se ofrecía como optativa y al principio sólo catorce muchachos la eligieron. Este año eran veintiuno y el anterior veinticinco. Supuso un gran esfuerzo consolidar la materia. Mucho trabajo conseguir la solera que hoy tiene. Durante tres años consecutivos hemos participado fuera de concurso en el Certamen de Teatro no profesional de Arroyo de la Luz..., hemos representado para los niños de las escuelas,llevado los autores clásicos a las aulas. Año tras año, el Salón de Actos del Centro se llenaba y se producía el milagro. Los alumnos callaban para escuchar y ver y reír y disfrutar con sus compañeros. Nada comparable a los nervios del estreno, a la satisfacción de contemplar cómo chicos que al empezar el curso apenas sabían vocalizar, ni moverse se desenvolvían en escena con la ilusión, la gracia y el encanto que sólo el teatro pude conseguir. Como en las palabras de aquel personaje de Shakespeare in love: No se sabe cómo pero al final todo sale.

Yo he ido vivido ese milagro año tras año. He visto a Ulises y Héctor, Napoleón y Josefina, la cigarra perezosa y la hormiga hacendosa, al príncipe, a las hadas, al fantasma y más y más personajes encarnados mágicamente en los muchachos. He visto a Domingo y a Iván vencer su timidez y arrancar carcajadas de sus compañeros y aplausos y vivas; he visto a Beatriz vocalizar como una actriz profesional y a Crístofer que no se tomaba nada en serio, con los nervios agarrados al estómago bajo el peso de su responsabilidad. He visto crecer en los chicos desde el escepticismo inicial, la solidaridad, el compañerismo, el espíritu de equipo, el esfuerzo y al final la satisfacción por el éxito obtenido entre todos. He visto a los del Taller de mantenimiento y decoración del Hogar trabajar en los recreos para tener a tiempo el decorado, a las madres ilusionadas e implicadas hasta el fondo con los trajes de sus hijos- ¡con lo que cuesta a veces que las madres y los padres se acerquen al Instituto!- Nunca olvidaré el orgullo en los ojos de los padres de Álvaro Luis, convertido por la magia del teatro en el guapísimo Lord Cheshire.

Bueno, pues todo eso se ha terminado, porque en la nueva reforma educativa ya no hay en tercero de ESO asignaturas optativas de libre elección. En cuarto se podrán ofrecer, pero fuera del horario lectivo. No creo que mis chicos en un centro rural apuesten por quedarse dos horas más a la semana, a las tres de la tarde; sería demasiado milagroso y ¿qué quieren que les diga? estoy algo deprimida. Se me podrá argumentar que la Lengua o Matemáticas o Sociales o Inglés son más importantes que el Taller de teatro pero nunca entenderé que los mismos que fomentaron la inclusión de esta materia en el currículum la borren de un plumazo años después sin dar ninguna explicación.

Los que conocemos y amamos el teatro sabemos que es una medicina para el alma como pocas, que aúna trabajo, cultura y diversión, fomenta las habilidades sociales, hace crecer en valores, enseña a dominar la expresión corporal y verbal, ayuda a vencer la timidez, aumenta la autoestima, en fin que es un espectáculo estético, cultural, artístico y educativo como pocos, herramienta que enseña, divierte y enaltece al que la ve y al que la practica y arma magnífica para la integración. Bien, pues ya lo han desterrado de las aulas, de momento. Yo soy terca, persistente, animosa y luchadora. Si El teatro del pueblo de Alejandro Casona o La Barraca de García Lorca, dentro del proyecto de las Misiones Pedagógicas consiguieron llevar el teatro al último rincón de la geografía española, nosotros que lo tenemos más fácil no vamos a quedarnos parados, pero estos señores de la Administración, supuestosherederos de aquellos educadores inspirados por la Institución Libre de Enseñanza podrían quizá improvisar menos y estudiar más.

CM-F

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18 Junio 2007

EL VIOLÍN (Parte I)


Desde muy pequeño, Karl se había interesado por algo que no a mucha gente le gustaba, la mayoría pensaba incluso que el músico es músico porque no sabe hacer otra cosa. Y la verdad es que Karl se daba buena maña para todo lo que requería el uso de las manos.
A los once años ya era aprendiz en una imprenta con un sueldo de dos libras semanales. Era un trabajo cansado y largo, pues la impresión de libros, de carteles para teatros, de folletines políticos, y otra cantidad de papeles similares, no se acababa nunca.
Durante los tres años que estuvo aprendiendo a imprimir jamás imprimió una partitura, nadie parecía sentir interés por la música, tan sólo él, y eso le hizo abandonar aquel trabajo. El aburrimiento pudo con él. La mayoría de los días tan sólo disponía de algunos minutos libres para hacer algo que le encantaba: cuando tenía que hacer alguna entrega de material, salía de la imprenta, recorría las calles con un paso más que acelerado, entregaba el pedido, recogía los pocos peniques de propina que recibía y volvía corriendo a la imprenta. Esa premura en el viaje le daba tiempo para torcer la esquina a dos manzanas e ir a Golden Square, donde escuchaba ensimismado, durante cinco minutos, al ciego que tocaba el violín en una de las esquinas. Así un día, y otro, y otro, y otro...
Tantas veces lo había oído ya que se sabía de memoria todas y cada una de las melodías que aquel anciano entresacaba, no sin esfuerzo, del antiguo y abollado violín. Lo había oído tantas veces ya, que mientras imprimía, fuera la hora que fuese, sabía qué música estaba tocando. Hasta desde allí podía sentir la sinuosa música del violín.
Tras aquellos tres años de duro trabajo en la imprenta, un buen día decidió aprender a tocar el violín. El sentido del ritmo, algo tan importante para un músico, ya lo tenía, pues podía averiguar sin temor a equivocarse los momentos en que el anciano ciego no se encontraba bien; sólo entonces era cuando se confundía, cuando sus dedos no tenían la ligereza de siempre, cuando alguna que otra nota malsonante se escapaba de la garganta del violín.
El sol brillaba fuerte, pero no hacía calor; la gente, como siempre, hacía caso omiso a la música. Sin embargo, Karl podía apreciar, delante del anciano, cómo la gente, desde que empezaba a oír la música hasta que dejaba de hacerlo, caminaba de forma distinta, hablaba de forma distinta, vivía de forma distinta. Todos parecían estar hipnotizados. Karl, boquiabierto, estaba sentado al lado del ciego disfrutando como nunca antes lo había hecho. Su misión era pasar el plato de las monedas cuando se juntaban más de tres personas alrededor del violinista. A cambio, el ciego le permitía practicar en casa con el viejo violín y le enseñaba todo lo que él sabía; a excepción de una cosa, como administrador de limosnas el ciego era un auténtico genio. Karl no podía explicarse cómo con unas libras podían sobrevivir ambos durante semanas, pero no era eso lo que Karl quería aprender del anciano.
Karl aprendía rápido, a los 18 años ya tocaba tan bien como el ciego. Éste se había dado cuenta de que Karl tenía un don especial para el violín: lo manejaba con dulzura, lo tocaba con delicadeza, y lo más importante, sentía la música que hacía salir de él. De vez en cuando, muy de vez en cuando al principio, aunque con más frecuencia después, dejaba el ciego que Karl tocara en la calle. Y poco a poco se dieron cuenta de que más gente se quedaba perpleja con la música de Karl que con la del ciego. Los ingresos por aquella época crecieron rápidamente.
Aquella alegría por sus triunfos callejeros duró, sin embargo, poco tiempo, pues la maldita crisis de los años 30 hizo que la gente, cuando preludiaba el final de la sintonía, comenzara a marcharse con un único propósito, no dar limosna cuando Karl pasara la bandeja. Y no porque no quisieran, sino porque, en realidad, no podían permitirse el lujo de lo que para ellos era malgastar el dinero.
En estos momentos era cuando el ciego ejercía de administrador profesional.
Tenían que cambiar de zona. No había otra solución. Pero no sólo cambiaron de zona, sino que también cambiaron de ciudad. A los 20 años, Karl empezaba una nueva vida en Seagel.
Seagel, a primera vista, era una ciudad grande, multitud de casas antiguas estaban siendo derruidas por aquel entonces, y enormes edificios se estaban empezando a construir. Mientras Karl reconocía el terreno con la vista, el ciego lo hacía con el olfato y el oído. Así, si algún día Karl faltaba de su lado, él podría apañárselas solo. Aunque estaba tan acostumbrado a su compañía, que no podía imaginarse solo otra vez.
Llevaban tres días en la ciudad y tan sólo les quedaba por visitar la parte más vieja, donde nadie se había atrevido a construir. De pronto, casi sin darse cuenta, Karl se paró, se estremeció, un aire frío recorrió sus venas; el anciano lo notó y también se detuvo, se dio cuenta de que Karl había visto algo que iba a cambiar la vida de ambos; pero nunca llegó a imaginarse hasta qué punto.
El escaparate ante el cual se había parado Karl no era muy grande, pero la grandeza de lo que Karl había visto lo hacía inmenso. Karl no pudo contener la emoción y dos lágrimas recorrieron sus mejillas blanquecinas. Karl intentó explicarle al anciano cómo era el violín que ocupaba el rincón más oscuro del escaparate, pero por mucho que lo intentó, no encontró las palabras adecuadas para hacerlo. Aquel violín era para verlo, para tocarlo, para sentirlo. "¡Si tan sólo pudieras verlo!", pensó Karl.
Entró decidido por la puerta de la tienda, casi sin darse cuenta de que el ciego se quedaba solo. Preguntó al tendero el precio del violín del escaparate, y se sorprendió por la respuesta de éste. El tendero le había dicho que su precio era incalculable, que era único en el mundo, pero que no tenía pensado venderlo, pues llevaba muchos años allí y no estaba seguro de que "el violín" dejara escapar algún sonido agradable. Karl había agachado la cabeza y se había dado la vuelta para salir mirando de reojo aquella obra de arte. Al cruzar la puerta le había dado las gracias al tendero y, acompañado del ciego, y en silencio, recorrieron, sin prestar mucha atención, la última calle de la última parte de la ciudad.

(Continuará...)

lusaro

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5 Junio 2007

El fantasma de Canterville

El grupo de teatro del IES Luis de Morales estrenó el jueves, 31 de junio la obra que había estado ensayando todo el curso. Espero que no te la perdieras porque fue un éxito total. Anímate y asiste otra vez a la representación que tendrá lugar en la Casa de Cultura el próximo siete de junio. ¡Te esperamos!

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17 Mayo 2007

ENCUENTROS

Oigo pasos, alguien se acerca, ¿vienes?
No oigo nada, nadie contesta...
Y aquel mar dejó de sonar,
y aquel río dejó de viajar,
y aquella nieve, y aquella lluvia,
y aquella montaña, y aquella nube...,
y tú ...
forjaste con tu piel una uve,
sinuosa y blanca, virtuosa y viva,
respuesta clara de tu verdad.

Y mientras...

Permanece el silencio mudo,
y el ruido se abre paso,
y el agua fluye, y el alma emana,
y tú, pez, catarata, fuente
de plata, cantas
voces de alegría,
gritos de esperanza,
suspiros cautivadores
que me arrastran.

Y aquel mar volvió a bramar,
y aquel río volvió a buscar
garganta profunda de su verdad.

lusaro

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16 Mayo 2007

Javier

Como todos sabéis, en especial, mis compañeros que tenían guardia, hace unos días, el misterio de la vida ha vuelto a presentarse ante nosotros con un nuevo alumbramiento. Gema, mi mujer, y yo, estamos encantados, al igual que mi hija, Nuria.

Me gustaría aprovechar estas páginas para presentar a nuestro retoño a la "sociedad" y, más concretamente, a la gran y entrañable comunidad en la que ahora me hallo inmerso.

Éste es Javier (con unos 8 días de vida):

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9 Mayo 2007

EL FUEGO Y LA CENIZA. Jose Antonio Leal Canales.

EL FUEGO Y LA CENIZA es un historia de amor imposible, con la que nuestro compañero o profesor y sin embargo amigo ha ganado el Premio Internacional de Novela 2007 de Seseña: Su modestia y discreción le han llevado a poner sordina a una noticia que a nosotros nos enorgullece y alegra, pues es una manera de reconocer los méritos de este escritor ágil y ameno. Por eso en este Rinconcito Literario nos hacemos eco de ella y os animamos a leerla. Recordad que Jose Antonio es autor de otros títulos como CITA EN LA HABANA o LOS PASOS DEL CAMALEÓN. Es un novelista en el que la capacidad para entretener no está reñida con la calidad. Auguramos una difusión a su obra acorde con los méritos que ya ha demostrado aunque a él le gusta decir que " cuando se escribe en el desierto los premios literarios son simples espejismos". ¡Enhorabuena!

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9 Mayo 2007

Jose Antonio Leal

Nuestro compañero Jose Antonio Leal Canales ha ganado el Premio Internacional de Novela 2007 de Seseña con su novela EL FUEGO Y LA CENIZA. Debido a su modestia y discreción no ha querido dar publicidad a esta importante noticia, pero en este Rinconcito Literario nos hacemos eco de ella, le felicitamos muy sinceramente y acosejamos a todos los alumnos que lean no sólo este sino otros títulos suyos como LOS PASOS DEL CAMALEÓN o CITA EN LA HABANA. Es un privilegio para este Centro contar con un novelista ágil y ameno como él y esperamos que su obra alcance la difusión que se merece y no tenga que volver a decir " cuando se escribe en el desierto, los premios literarios son simples espejismos". ¡Enhorabuena!
CM-F

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20 Abril 2007

Al Alba

Al Alba

Alcanzo la luna en tu pelo,
y me reflejo en la luz de tus ojos,
con tus palabras y voz tiemblo,
cada perla se convierte en destrozo.

Estrellas blancas, blancos besos,
alma clara sin arrojo,
yo y tú, tú y tu ego;
tú y yo, tú y tu todo.

Y llega la mañana luego,
y el alba despunta..., estoy solo;
y callo, y pienso..., y sueño,
sueño contigo; y luego...
luego lloro.

lusaro

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